David Albert
Cuando vi por primera vez estas fotos recordé inmediatamente una frase de Robert Doisneau que dice “una fotografía también muestra a quien la mira”.
La premeditada falta de títulos nos quita anclajes sobre los que comenzar a pensar después de ver, y eso es justamente lo que el autor quiere, que cada uno vea según sus propios ojos y experiencias sin ninguna guía inicial y trace sus propias conclusiones, valederas aún si se oponen a las ideas iniciales de la obra.
Esa ausencia voluntaria de dirección abre posibilidades para que alguien encuentre un camino que nunca nadie transitó antes, ni siquiera el mismo fotógrafo. Lo cual veo enriquecedor.
Al no haber un único tema sobre el cual poder desarrollar una reflexión, podemos prescindir de la recurrente pregunta sobre “qué es lo que el autor habrá querido decir…” y lo que importa y vale es lo que cada uno quiera decir sobre lo que ve.
Historia, política, vida y muerte, identidad, tiempo, ausencias... son parte de lo que subyace en estas imágenes de desolación ya sea que las leamos como componentes de polípticos o como obras individuales.
Ajeno a la corriente actual, el autor no deja de lado lo sensible, la trabajada superficie de estas fotografías revela una profunda emoción, pero una vez atravesado este primer contacto, todo lo que podemos hacer es pensar.
Un arte sin interrogantes, es artesanía.


